¿Me oyes o me escuchas?

 

 

Llevo un rato hablando y me doy cuenta que la otra persona, aunque pretende hacer ver que me está escuchando, mis palabras se han convertido sólo en ruido. Y me pregunto en silencio: ¿Me oyes o me escuchas?

 

¿Te ha sucedido alguna vez? 

 

No voy a entrar a juzgar el por qué no me escucha, ni tampoco a juzgarla a ella porque éste no es el tema de este post, ni mi voluntad; sino que mi intención se centra en poner un poco de luz en este tema que, por las características del mundo actual, sospecho que cada vez se da con más frecuencia.

 

Vivimos en un mundo con una sobrestimulación tanto visual como auditiva. Esto hace que nuestra atención tenga que repartirse entre diferentes estímulos y lógicamente la consecuencia es: menos calidad en la atención dispensada a cada uno de ellos. Recordemos que la atención es selectiva. Esto significa que la persona “elige” a qué estar atento, quedando el resto con un menor nivel de atención.  

 

Pensemos en algunas frases:

 

  • “Oímos al camión de la basura”
  • “Oímos el agua del río”
  • “Oímos el ruido de la cafetera cuando nos avisa que ya está listo el café
  • “Escuchamos una canción”
  • “Escuchamos las noticias”
  • “Escuchamos lo que nos explica nuestra pareja”.

 

¿Qué diferencia existen entre las tres primeras y las tres segundas? 

 

Oír es un acto involuntario. Sólo puedes dejar de oir algo si evitas que ese estímulo llegue a tus oidos. No decidimos oir ni al camión de la basura, ni el agua del río que pasa cerca de nuestra casa ni el pitido de la cafetera. Simplemente lo oímos. Sin más.

 

En cambio escuchar es un acto voluntario que depende de:

 

  • la actitud receptiva, la predisposición a escuchar. Actitud.
  • el interés que suscita aquello que deseo escuchar. Motivación.
  • la atención que decido prestar. Atención.
  • la aceptación a renunciar el resto de estimulos que podría escuchar. Elección vs renuncia.
  • beneficios de la escucha. Objetivo personal.

 

 

¿Qué beneficios comporta escuchar?

 

  • nos permite aprender. Preferencia del canal auditivo.
  • establecer una comunicación sana y auténtica con las demás personas.
  • mejorar las relaciones interpersonales.
  • mejorar tu satisfacción personal.
  • contribuir al bienestar del otro. A todos nos gusta ser escuchados.
  • encontrar nuevas salidas a situaciones difíciles.
  • entrenar nuestra actitud empática.
  • descubrir otros mapas, opiniones, opciones.

Nuestra sociedad necesita incrementar su grado de escucha. Una relación sin escucha es una relación que muere cada día un poco.

 

La naturaleza es sabia. Por eso nos dotó de dos orejas y una boca; para escuchar el doble de lo que hablamos.

 

Estas preguntas son para ti:

 

¿Con qué frecuencia te sientes escuchado y por quién? ¿Quién no te escucha? ¿Qué estás dispuesto a hacer para mejorar tu escucha?¿Qué puedes hacer para sentirte escuchado?

 

 

Así que te invito a que reflexiones sobre ello y a que compartas tu opinión si te apetece.

 

Muchas gracias por leerme.

 

 

 

 

“Por una vida con sentido”.